Las cosas que sólo se entienden nadando

Nadar (viajar) hacia dentro, como ejercicio de introspección

Ayer nadé y el agua de la alberca estaba helada. Bajó la temperatura del cuerpo y corazón, tan fríos como un mal poema. Después todo fue una piscina de dudas: ¿Le digo? ¿No le digo? ¿Y si peleamos?

Mi cabeza se volvió una masa de preguntas sobre cómo enfrentar los problemas de comunicación con tu pareja. ¿Cómo y cuándo decidir si es hora de renovar o terminar? ¿Es natural sentirme así? ¿Qué buscamos en una pareja?

En el pasado he tenido parejas con las que me siento sola, más sola que nunca. Incluso rodeada de personas, a veces tengo un vacío que me carcome y después pienso: tengo todo en justo equilibrio, mi vida personal, mi vida laboral, todo para ser feliz y me siento sola. Todo esto es un lugar común, pero no impide que lo sienta.

Quizá mi destino es sumergirme en nuevas aventuras, encontrar espacios donde liberarme, dejarme caer y sentir, sentir todo el tiempo el agua clara, la luz de las certezas sobre mi espalda, salir a flote y vivir el momento. Juntar las manos, nadar como si rezara.

Y es que hay cosas (caos mentales) que sólo se arreglan nadado.

XOXO


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