San Valentín: Siempre que tengas una expectativa no la delegues

February 14, 2018

Manejaba con el volumen en alto, cantaba como la única artista consagrada que puede subirse a mi carro; ensimismada en mi querella musical se escuchaba: Tu amor es mágico, mágico, tu amor es mágico amor, es un dibujo en el cielo, como la foto de un sueño.

 

Me detuve en un semáforo, volteé al cielo y me topé con un anuncio espectacular que decía algo así como “¡Feliz 14 de febrero, mi amor!”.

Alguien le escribió a “otro alguien” ese mensaje por el que pagó miles de pesos, aunque aquí el dinero es lo que menos importa… importa el hecho, el tiempo, organizar tal publicidad en su corazón y después imprimirlo en una lona. ¿Qué habría hecho ese otro para lograr conmover su corazón y que ese amor fuera tan maravilloso, que deseara transcribirlo en letras de neón, a la vista de todos?

 

Era 14 de febrero. Tuve que voltear a ver la bóveda celeste para recordar que era el tan temido Día de San Valentín. El día polémico,  amado y odiado por muchos. Para mí era un día de San Valentín igual a todos, donde el capitalismo se ha desarrollado a costa de las emociones y claro, yo he sido víctima de eso, imaginándome en mundos irreales y que (quizá) sólo suceden en las películas. ¿Y no somos todas así? Nos imaginamos una gran propuesta de amor sobre un helicóptero, sobrevolando el Gran Cañón, o 24 flores rojas sobre mi escritorio, un carro lleno de post-its de colores con la leyenda “te amo” escrita en ellos, una cena romántica a la orilla del Sena… Y luego pensamos, No, no, ¿qué estoy diciendo? ¡Pero si yo no soy así!

 

No quiero decir que todo lo anterior sea malo, pero quedarse esperando a que tu novio o a que algún desconocido nos traiga las flores y los chocolates que queremos, no es la única opción. Creo que podemos salir, comprarnos 3 docenas de rosas rojas para nuestra oficina o nuestra habitación (y de paso unas para nuestra mamá o mejor amiga), comernos algunos chocolates ricos e ir a comprarnos ese vestido lindo que nos hace felices. Podemos decidir arreglarnos las uñas y acabar el día yendo a nuestra clase de yoga y sonreirnos a nosotras mismas. Podemos tomar este día para darnos un regalo de amor propio y apapacharnos, porque tenemos que amarnos para poder dar amor. Creo que delegarle nuestra felicidad a otro mientras esperamos que descubra lo que nos hace felices es cansado, largo y desesperante (a menos de que seamos lo suficientemente asertivos para expresar lo que queremos). De esta manera nos sentiremos felices, halagadas y llenas de amor.

 

Con el tiempo he aprendido que los días más mágicos y apasionados muchas veces no tienen que ver con el otro, sino con mi capacidad de estar feliz y sentirme completa.  

 

Viene el 14 de febrero y celebro los mensajes románticos, las reuniones entre amigos, las cenas improvisadas, el amor desprovisto por las calles, las paletas de corazón, los chocolates. Pero, sobre todo, celebro la amistad conmigo misma. Porque uno también genera magia y con todo este amor a mi alrededor me apropio del espectacular con letras de neón mientras canto feliz en voz alta.  Este 14 de febrero me celebro y me consiento, esperando además ese nuevo amor que se quiere como al último y como al primero.  

 

¡Feliz día de San Valentín!

XOXO

 

 

 

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